No basta con sembrar la planta, ¡hay que regarla!


Han pasado ya casi dos meses desde que decidí abrir este cuchitril, durante este tiempo (casi el mismo que llevo viviendo rodeada de un frondoso verde) he entendido esto que alguna vez una psicóloga y mi mamá me decían: ‘tienes mucha iniciativa y poca constancia’.

En Experience Mamoní me he regalado el placer de ponerme en contacto con el arte de sembrar. Para preparar y dejar como un 'lulo' este lugar hemos conseguido plantas exóticas (algunas de luz, algunas de sombra) que adornen los senderos y hagan el paisaje más colorido, las plantas las hemos ido sembrando y con el paso de los días se van poniendo más lindas, el clima es idóneo para construir un reino de flores. Sembrar es un proceso de mucha disposición, se abre el hueco, se prepara con antelación al abono y se pone ahí antes de poner la semilla o la plata, es todo un proceso que vale la pena hacer alguna vez en la vida y tomarse el tiempo con tranquilidad.

A pesar de que esta es una selva tropical húmeda, diariamente hay que ponerse la diez y cuidar de las plantas, esto implica levantarse, agradecer por el nuevo día y acto seguido darles de comer, es decir, ponerles agua a todas las planticas que se han sembrado, hay que hacerlo porque finalmente nosotros, mis amigos y yo, las sembramos y digamos que es y será una extensión nuestra acá.

Con este blog sucede lo mismo, digamos que es mi 'planta virtual', me pongo la diez con mucho amor y cada cosa que voy viviendo día a día es material de inspiración para escribir, como este pequeño análisis de lo importante que es tanto sembrar como regar la planta.

Les confieso que soy de naturaleza medio voluble, hay días en que me levanto con todo el ímpetu y me hago mil abdominales, otros en los que no me fluye ni el agua, supongo en esto consiste el ser humanos, fluir con nuestros tiempos y ciclos.

Lo paradójico del tema de sembrar y regar es, si sembraste con amor y pusiste todo de ti para que el árbol creciera (porque uno cogió la pica, abrió el hueco y se tomó la tarea) ¿por qué auto saboteas tu propio trabajo y no la riegas, acaso no te costó al menos un poco de esfuerzo?

Este es un mundo que va a la velocidad de la luz, las relaciones también parecen funcionar así, amores desechables que se cambian por la oferta web y proyectos que nacen como voladores y se estrellan como coche sin frenos. Definitivamente estamos viviendo una era inmediatista donde queremos ver la planta gigante sin necesidad de regarla, nos negamos ser partícipes del bello proceso de verla crecer poco a poco, darle agua, cortarle las hojas que se van marchitando y entender que como todo en la vida, ella tiene su proceso.

Desde que abrí el blog me he enfrentado cara a cara con lo que significa ‘regar la planta’, siempre supe que sería como tener un hijo, ayudarlo a crecer, alimentarlo, pensar en cosas que le hacen bien y de repente mis días empezaron a pasar en función de ‘mis plantas’.

Go with the flow

Nadie vino a ser perfecto, la competencia no es con los otros que esperan que seas un gran médico o una gran bailarina, la prueba es usted mismo, es entender que a lo largo de un solo día experimentamos muchísimos cambios a nivel químico y hormonal y que en medio de esos cambios tal vez la mañana de ayer no la veamos como la de hoy.

Darse crédito es importante, no quiero ser la mejor jardinera pero si quiero ser una jardinera disciplinada, o una mamá. Un hijo es para toda la vida y nos pide estar ahí siempre.

He ido clarificando que en el momento justo en que quiero hacer más y más entonces llega una especie de presión que me paraliza, tranquila, la planta no necesita que la riegues 20 veces al día, con una vez que la riegues y lo hagas con mucho amor es más que suficiente, como lo que le decía a un amigo hace poco, ‘tu hija no te necesita las 24 horas del día, dedícale dos o tres que le alcancen para todo un día’.

Del ‘no regar’ a regar con amor

Uno tiene sus días, a veces el universo conspira para que todo apunte al lugar donde miramos, es como si fuéramos protagonistas de una película y el mundo confabulara a nuestro favor, la noticia es que a veces nos toca darnos espaldarazos, si, auto espaldarazos.

Estoy perfeccionándome en esto de no solo sembrar regar sino regar, dándole la razón a mi mamá y usando la auto motivación como medicamento, a veces no me fluirán cuatro cuartillas sobre astrología pero si me fluirá una como esta, una con amor donde voy entendido esto de cuidar tu propio ‘chuzo’, tu planta y regarla con amor. No hay que sacarla del estadio diario, el mundo lo pone a uno frente a un letrero gigante neón que dice ‘debes hacer más y más y ser el mejor’. Pues no, usted debe ir con su ritmo, uno lento pero que le vaya ayudando a la planta a crecer, el problema es que si deja de regar la planta esta no va a crecer y ese es el gran tema. Lo invito a que solo por hoy se levante y riegue esa planta que decidió sembrar, sea de la especie que sea, vaya y con todo su amor dele cariño, no tiene que meterle tres litros de agua, con uno bien regado, no hay que hacer mucho, a veces solo hay que hacer poco pero bien.

En conclusión quería contarles lo que ha sido para mí esto de sembrar plantas y aprender que regarlas hace parte del proceso. Si se metió al gimnasio vaya, no tiene que ir cuatro horas diarias pero intente ir un ratico diario, yo lo llamo balance. Si se decidió a estudiar cocina no basta con hacer un huevos, intente leer todos los días sobre cómo mejorar el arroz, cómo hacer que la pasta quede suelta y asuma el compromiso que hizo, no con sus papás ni con su universidad, ¡el compromiso lo hizo con usted mismo! Como mi planta se llama La Concha pues hoy me levanté a sembrarla, llenarla de abono y prepararle comida.

Los dejo, me voy a seguir sembrando flores del paraíso y matas raras, no olvide regar su planta, le aseguro que cuando haya cosecha agradecerá haberlo hecho. Avanti.


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La Concha

 

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