No llegué hasta acá solamente para llegar


Y si, los viajes no suceden solo para llegar, no llegamos hasta el destino solo ‘para llegar’; hay que llevarse lo mejor de ellos y dejar en ellos lo mejor de nosotros.

Desde que llegué a Experience Mamoni no ha pasado un día sin que haya aprendido algo, la naturaleza ha sido bondadosa conmigo para que mi espíritu de supervivencia se lleve en su memoria grandes aprendizajes que seguro me servirán en un futuro.

En la selva se aprende de todo, vivir con otras especies (acá se incluyen todas, animales de dos, cuatro, seis y hasta 100 patas) te obliga a educarte con ellas, más aún cuando eres tú quien ha sido invitado a su casa, es esta la razón por la cual he decidido hacer mi propia tabla de los diez mandamientos, mi versión personalizada de las reglas de oro que he tenido que asimilar en mis primeros días inmersa en este bosque (ya no de cemento, ¡el de verdad verdad!).

1. Traiga lo necesario, lo estrictamente necesario (¿y qué p$%$s es lo estrictamente necesario?

Si, días antes de viajar me preparé un menjurje hecho a base de Menticol, Nopikex y tabaco (gracias a mi amiga Isa por la receta), esta sagrada pócima promete mantener alejados insectos, sobre todo los transmisores de la leishmaniasis, dengue y otros.

2. Escuchar para aprender y no para responder

Es posible que en el viaje se encuentre con personas de diferentes partes del mundo, esto ofrece la maravillosa posibilidad de un cambio de perspectiva de vida único, todas tenemos historias que contar y en esa medida enseñanzas que nos debemos llevar, conocer la ficción del otro amplia el espectro y le da la posibilidad de sentirse afortunado y reírse de su propia vida.

3. Mire donde pisa, donde se recuesta y todo lo que toca

Esta ha sido personalmente de mis mejores enseñanzas, llegar a un lugar que no conoces te exige estar presente en el aquí y el ahora. Mirar por donde das tus pasos (aplica para la vida en general), te da el chance de dar pisadas más seguras y así cometer menos errores.

4. Todo es de todos

Siempre he tenido la costumbre de preguntar de quién es el repelente que está sobre la mesa, el agua de la botella, la carne que sobró de alguna comida, en cuanto hago ese tipo de preguntas una compañera siempre me dice que todo es de todos. La comida, la luz, los momentos, el agua; convivir es compartir, así de simple.

5. La ley de menor daño

¿Le gustaría invitar personas a su casa para luego recoger una montaña de desorden? A nadie le gusta, entonces no haga a otros lo que no quiere para usted.

6. ¡AHORRE!

Porque nunca se sabe cuándo va a faltar, es mejor guardar para el futuro no porque uno adopte la pose del tirano sino porque es sano dejar de lado esas conductas consumistas que tan arraigadas llevamos y de acá se desprende mi otro gran descubrimiento:

7. Aprender a escuchar cuando el cuerpo habla

Los mosquitos parecen mostrar una seria aversión a ciertos olores, cuando sienten el aroma de la citronella o de la ruda simplemente se alejan porque no les gusta, ‘les huele mal’, ¿por qué para los humanos es tan difícil hacerlo? Si bien es cierto que cada cuerpo lleva su ritmo y cada organismo es diferente es importante volver a conectarse con los ciclos naturales, comer para alimentarse y no para ‘estar lleno’, dormir lo suficiente, estirar al levantarse y en general poner minuciosa atención a ese lenguaje sublime que usa el cuerpo para comunicarnos algo.

8. The art of letting go

¿Se dañó su cámara? Déjela ir ¿Extravió sus gafas? Sea cuidadoso a la próxima y consiga otras ¿Abandonó su maravilloso trabajo? Viva su duelo y déjelo ir. La vida es un eterno dejar ir, no hay nada de malo en sentir malestar al inicio de ese escabroso camino llamado ‘dejando ir’ pero si hay formas en que usted puede hacer menos incómodo el trayecto.

9. Agradecer

Todo es ganancia, lo fácil y lo que cuesta trabajo, lo que nos puso en una situación de reto, todos los momentos y la forma como reaccionamos nos definen, nos muestran lo más visceral de nuestro ser y nos permite conectarnos con la esencia que nos hace únicos.

10. Modo esponja

Ir con cada poro de la piel abierto para aprender todo cuanto sea posible, ir en modo ‘estudiante’ le da vía libre a las enseñanzas para que entren y dejen huella, llegar como un aprendiz lo deja expuesto a vivir experiencias únicas que tal vez no se vuelvan a repetir. Absorba, filtre, váyase con lo útil y deje ir lo que considera no necesita (al final entenderá que todo fue y es de gran ayuda).

Si tiene algún otro acierto para la vida en ecosistemas desconocidos lo invito a que me de una cachetada con hoja de Yarumo y me enseñe, ¡avanti!


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